12 de noviembre de 2011

Capítulo 2: Quedamos en... ¿la casa de Anabel?

Capítulo 2: Quedamos en... ¿la casa de Anabel?

Tras haber estado largo rato en el parque, el grupo de amigos se había ido a una cafetería. 

-¡Helados!- exclamó Claudia, que se había tomado una cafeína, lo cuál le hizo ponerse cómo una moto, ya que es hiperactiva.-¡Quiero tomarme otros cinco helados! ¡Jajajajajaaaa! ¡Con mucha, muuuucha azúcar!-

Agitaba sin parar el tobillo. 
Óscar se moría de ganas de pegarle dos ostias para quitarle la hiperactividad, pero decidió no hacerlo, ya que Claudia le gustaba en secreto.

Dylan no paraba de mirar a Anabel. David, Óscar y Alfonso se habían dado cuenta. Se llevaron a Dylan aparte, dejando a Anabel y a Claudia solas en la mesa. Una vez alejados de ellas, David dijo:

-¡Tío, o le dices a Anabel que quieres ser su novio, o se lo digo yo!-

-¡Chssttt!- Dylan le calló.- Cuándo os dije que me gustaba Anabel prometísteis no soltar ni prenda!-

-Cierto.- dijo David acto seguido, bajando la cabeza.

Alfonso se pasó la mano por su cabello rubio oscuro y comentó:

-Tío, somos tus amigos. Nos preocupamos por ti. Por éso queremos que le digas ya a Anabel lo que sientes por ella.-

-Sí.- añadió Óscar.-Yo pienso decirle a Claudia que estoy por ella tan pronto cómo deje de estar hiperactiva.- se cruzó de brazos y sonrió.

David, Dylan y Alfonso lo miraron muy serios.

-¿Qué?- preguntó Óscar.

-No te lo crees ni tú.- respondieron los otros tres al unísono. Luego se rieron.

-El caso es que- continuó Alfonso.-Deberías decirle de una vez lo que sientes.-

-¡Oh, tío, no me seas maricón!- exclamó Dylan con una carcajada.-¡No te pongas a decir frases típicas de una nena!-

Alfonso frunció el ceño.

-O confesión o PlayStation.-

-¡No!- Dylan pasó de carcajearse a un estado de preocupación absoluta.

-Ohhh, sí, vaya que sí.- dijo Alfonso.

-¡No puedes hacer éso! ¡No eres capaz...!- la voz de Dylan temblaba.

-Ya lo creo que puedo.- se rió Alfonso.- La PlayStation está en tu casa, pero la pagamos entre los dos. Así que, lo dicho: o le dices a Anabel lo que sientes, o... ¡adiós, PlayStation!-

-¡No, tío, por favor! ¡No puedes arrebatarme lo que más quiero en el mundo! ¡Ésa consola lo es todo para mí...!- exclamaba Dylan.

Alfonso levantó una ceja.

-Vamos, tío...- siguió Dylan.-Sabes que no podría hablar con Anabel ni aunque reuniese todo el valor del mundo...-

-Bueno, vale, cómo quieras.- dijo Alfonso encogiéndose de hombros.- A la PlayStation le encantará mudarse a mi casa...Ya tengo calculada la anchura de la tele para que los videojuegos se vean bie...-

Fue interrumpido por Dylan:

-¡Lo haré! ¡Lo haré, hablaré con Anabel, le diré lo que siento! Pero por favor, notelleveslaPlayStatioooon...- las últimas palabras las dijo seguidamente, pegadas, mientras ahogaba un sollozo.

-¡Andando!- dijo Alfonso, empujando a Dylan.

-¡Tío, lo has convencido! Eres un crack.- dijo David, chocando la mano con Alfonso.

Los cuatro amigos volvieron a la mesa en la que estaban Claudia y Anabel. ¡Claudia dormía sobre la mesa con una mano colgando!

-¿Qué le ha pasado?- preguntó Óscar, corriendo hacia Claudia y poniendo sus manos sobre el brazo que ella tenía sobre la mesa.

Anabel se rió y se encogió de hombros.

-Toda la energía que tenía se le ha ido de golpe. Es lo malo que tiene la hiperactividad: se va cuándo menos te lo esperas.-

-Claudia.- dijo Óscar suavemente.-Claudia, ¿me oyes? Despierta.-

Claudia roncó.

Todo el mundo se rió. Óscar sólo soltó una leve carcajada.

-Ejem.- carraspeó Dylan.-A...Anabel...-

-¿Sí?-

-¿Te gustaría ve-venir a mi casa ésta t-tarde?- dijo tartamudeando. Entonces pensó en su hermana Jennifer y dijo. -Ay, no, no puede ser... Ejem...-

-Da igual.- dijo ella.-Puedes venir tú a la mía.-

Dylan asintió. <<¡Toma!>>

-Ehm, sí, claro, claro, me encantaría ir a tu casa.- dijo. -¿Habrá alguien?-

-Hm... creo que no.- dijo Anabel.

Dylan volvió a asentir. <<¡Toma yaaa...! ¡Síííí, nena...!>>

-Vale, pues iré sobre las... Hm... ¿Y si vamos ahora?- dijo.

-¡Claro! Cuándo el camarero nos traiga la cuenta, despertaremos a Claudia y te vendrás a mi casa conmigo. Ya verás, ¡la decoración es más bonita...!- comentó Anabel.

Detrás de Anabel estaban Óscar, Alfonso y David. Éstos le guiñaron un ojo a Dylan, que sonrió.

                                                                   ************************************
Más tarde, Dylan y Anabel ya fueron de camino a casa de Anabel.

Entraron. Anabel dio una vuelta sobre sí misma. 

-Bueno, pues ésta es mi casa.- dijo.

-Qué bonita...- dijo Dylan. <<¡Cómo tú! ¡Cómo tú! ¡¡¡Cómo túúúúúú!!!>> pensó.

Anabel se acercó a él y lo miró dulcemente. Sus ojos azules verdosos brillaban. 

-Tengo algo que decirte.- dijeron los dos a la vez. Se rieron.-Tú primero.- volvieron a decir al mismo tiempo. Se volvieron a reír.

-Vale...- dijo Dylan, inspirando hondo.

El ambiente silencioso crepitaba de tensión. Inquietaba de silencio. Los corazones de ambos latían con fuerza. Era lo único que se podía oír en aquellos momentos.

Dylan miró alrededor. Gotas de sudor caían por su frente. Anabel también sudaba. Pero su flequillo rubio hacia el lado impedía que se pudiese ver el sudor. Los nervios creaban una sensación de angustia increíble. 
Las manos de ambos temblaban. Escalofríos recorrían sus espaldas. La cosa estaba tardando demasiado. Había que decirlo. Ya.

-¡Me gustas!- dijeron los dos a la vez. 

A continuación, los dos se quedaron boquiabiertos.

FIN

Capítulo 1: ¿Locos? ¡Anda ya!

Capítulo 1: ¿Locos? ¡Anda ya!

El sol de la mañana resplandecía con su serenidad y brillo. Se oía el canto de los pájaros... Se sentía una suave brisa... La calma y la tranquilidad reinaban en todo el barrio...

-WOAH, I FEEL GOOD!!!!! ♫ CHANANANANANANA!!! I know that i would now!! CHANANANANANANA!!! I feel good!!! CHANANANANANANA!!! I know that i would now!! Chanananananana!! So good! CHA-NA!! So good! CHA-NA!! I got you!!! CHA-NA-NA-NA!!!- el joven y alocado Dylan cantaba desenfrenadamente la canción de "I feel good," de James Brown. De pie sobre la cama de su habitación, fingía que tocaba la guitarra.


-¡¡¡DYYYLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANNN!!!- una voz femenina gritó con tanta fuerza que se escuchó por encima de la música. Una niña de apenas 12 años abrió la puerta de la habitación de Dylan con tanta fuerza que la estampó contra la pared.-¡¿Quieres callarte de una vez y parar la música?!- gritó la chiquilla.


-Ésos humos, hermanita.- Dylan bajó de la cama de un salto y apagó la música, que sonaba en un reproductor de CD.-No deberías decirle a tu hermano mayor lo que debe hacer o no.-


-¡En cuánto vuelva mamá de comprar me chivaré de que tenías la música a toda ostia!- gritó la niña, girándose para salir de la habitación. Entonces se volvió una última vez y dijo: -¡Y YO PUEDO DECIR LO QUE ME DE LA GANA!- y salió, dando un portazo.


-Niñata...- murmuró Dylan para sí. Estaba harto de que su hermana pequeña Jennifer fuese tan repelente. Su móvil sonó en aquel instante.


Until the day i dieeeeeeeee...!!! I'll spill my heart for youuuuuuuu....!!! Until the day i dieeeeeeeee...!!!


Dylan bailó durante unos segundos al rimto de la canción "Until the day i die," que era la canción que tenía cómo tono de llamada. Luego abrió su teléfono y dijo con voz grogui:


-¿Diiiga?-


-¡Hey, Dylan! Soy Anabel.- una voz femenina sonó al otro lado.


-¡Anabel!-Dylan se tropezó hacia atrás. Su trasero chocó con su cómoda, y sobre su cómoda había una lámpara, que se cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Dylan se quedó con la boca abierta.


-¿Qué es éso que he oído?- preguntó Anabel.


-Eh... ¡nada! Ehm... Los niños que juegan en la calle, ya sabes... ¡Han roto el cristal de la peluquería de al lado!- respondió Dylan.


Anabel se rió.


-Has roto algo, ¿a que sí?-


-¿Yooo? ¡Qué va! Ya te he dicho que han sido los niñatos éstos que siempre están jugando en mi calle.- dijo Dylan rascándose la nuca.-Bueno, ¿que querías?-


-Quería saber si te ibas a pasar por el parque. Estaré allí con toda la panda.- dijo Anabel.


-Claro, me pasaré por allí. Ahora mismo voy. Nos vemos.- dijo Dylan. Colgó el teléfono, recogió la lámpara rota del suelo y la tiró a la basura. Corriendo, cogió una lámpara exactamente igual del  almacén de la casa y la colocó sobre la cómoda de su habitación.


En ésos momentos se oyó la puerta.


-¡Hola, mamá!- gritó Jennifer.-Tengo que decirte una cosa. Dylan tenía la música a todo volumen, osea, que tienes que reñirle.-


Dylan salió disparado hacia la puerta. Pasó al lado de su madre y le besó la mejilla.


-Holamamáadiósmamámevoyalparqueconmisamigos.- dijo seguidamente. Y salió por la puerta.


Dylan llegó al parque tras unos minutos caminando. Allí estaban Anabel, Óscar, Claudia, Alfonso y David. Anabel, sentada en un banco junto a Claudia, estaba reproduciendo con su móvil la canción de "Party Rock." Óscar, Alfonso y David hacían breakdance y volteretas por el suelo al ritmo de la canción.


Party Rock is in the hooooouse toniiiiiight... Everybody just have a good tiiiiiime...


Dylan llegó y saludó a gritos:


-¡¡¡EY, PEÑA!!!-


Del susto, Alfonso, Óscar y David se cayeron.
Alfonso se levantó. Al ser el más bondadoso, no se enfadó con Dylan. Chocaron los puños.


-¿Qué pasa, tío?- preguntó Alfonso.


-Nah, he venido a pasear.- respondió Dylan.


-Em, porque yo le avisé.- dijo Anabel levantando la mano.


-Ohhh, te avisó Anabel, ¿eeehhhh?- Óscar le dio un suave puñetazo a Dylan en el pecho.


-Qué mona ella...- dijo David.


-¿Perdona?- dijo Anabel en tono molesto.


-¡Nada, nada!- retrocedió David, sabiendo que cuándo Anabel se enfadaba, huía todo el mundo.


-Si sólo son amigos, ¿a que sí Anabel?- dijo Claudia, rodeando con el brazo a su amiga rubia.


Anabel le apartó el brazo de su hombro suavemente y suspiró.


-Déjalo, Clau.-


-Vaaale, vaale...- dijo Claudia.-Sólo pretendía ayudar.-


Óscar se sujetó sus partes y hizo un paso de Michael Jackson.


-¡Huauu! ¡Ayu-daaaaaar!- cantó, terriblemente mal.


-Para. Me revuelves las tripas.- Claudia cogió su balón de baloncesto y se lo tiró a Óscar. Le dio a en toda la cabeza.


-¡Aaaah! ¡Hija de puta...!- exclamó éste, corriendo hacia el banco dónde Anabel y Claudia estaban sentadas. 


-¡Perdón, perdón!- Claudia se abrazó a Anabel, asustada, mientras se reía en voz baja.


Óscar rodeó el cuello de Claudia con uno de sus brazos y le restregó el puño cerrado en la cabeza.


-¡Laaaaaaaaaaaaaaaaaaa la la la la la la la la la laaaaaaaaaaaa la la la la la la laaaaaaa...!-cantaba con la lengua fuera, cómo un cantante de ópera, mientras seguía frotando la cabeza de Claudia con los nudillos.


-¡Gilipollas, suéltameeeeee!- vociferó Claudia, arañando los brazos de Óscar y dándole puñetazos en la tripa. Anabel se partía el culo.


-¡Jajajaja, parecéis dos luchadores de boxeo!- exclamó.


-¡Ni de coña!- exclamó Claudia, empujando a Óscar tan fuerte que hizo que éste se cayera para atrás. Dylan lo sujetó para que no se cayera.-¡Yo no parezco una luchadora! ¿Por qué crees que me arreglo tanto? ¡Para parecer de todo menos una loca de ésas!-


-Uh, cómo empuja la tía...- murmuró Óscar, alisándose la camiseta.


Dylan le dio unos golpes en el hombro y se sentó en el banco, junto a Anabel.


-Me alegro de que hayas venido.- dijo ella. -¡Es tan guay cuándo estamos toda la pandilla junta...!


-¿Cómo iba a faltar?- dijo él en tono "mira-cuánto-molo."


Anabel guardó su móvil.


-Pues faltando.- dijo con voz grogui.


-Yo nunca falto a los sitios.- replicó Dylan.


-Claaaaaaro.- Anabel era encantadora cuándo usaba el sarcasmo. Por lo menos, a Dylan le encantaba. 


FIN