
Capítulo 2: Quedamos en... ¿la casa de Anabel?
Tras haber estado largo rato en el parque, el grupo de amigos se había ido a una cafetería.
-¡Helados!- exclamó Claudia, que se había tomado una cafeína, lo cuál le hizo ponerse cómo una moto, ya que es hiperactiva.-¡Quiero tomarme otros cinco helados! ¡Jajajajajaaaa! ¡Con mucha, muuuucha azúcar!-
Agitaba sin parar el tobillo.
Óscar se moría de ganas de pegarle dos ostias para quitarle la hiperactividad, pero decidió no hacerlo, ya que Claudia le gustaba en secreto.
Dylan no paraba de mirar a Anabel. David, Óscar y Alfonso se habían dado cuenta. Se llevaron a Dylan aparte, dejando a Anabel y a Claudia solas en la mesa. Una vez alejados de ellas, David dijo:
-¡Tío, o le dices a Anabel que quieres ser su novio, o se lo digo yo!-
-¡Chssttt!- Dylan le calló.- Cuándo os dije que me gustaba Anabel prometísteis no soltar ni prenda!-
-Cierto.- dijo David acto seguido, bajando la cabeza.
Alfonso se pasó la mano por su cabello rubio oscuro y comentó:
-Tío, somos tus amigos. Nos preocupamos por ti. Por éso queremos que le digas ya a Anabel lo que sientes por ella.-
-Sí.- añadió Óscar.-Yo pienso decirle a Claudia que estoy por ella tan pronto cómo deje de estar hiperactiva.- se cruzó de brazos y sonrió.
David, Dylan y Alfonso lo miraron muy serios.
-¿Qué?- preguntó Óscar.
-No te lo crees ni tú.- respondieron los otros tres al unísono. Luego se rieron.
-El caso es que- continuó Alfonso.-Deberías decirle de una vez lo que sientes.-
-¡Oh, tío, no me seas maricón!- exclamó Dylan con una carcajada.-¡No te pongas a decir frases típicas de una nena!-
Alfonso frunció el ceño.
-O confesión o PlayStation.-
-¡No!- Dylan pasó de carcajearse a un estado de preocupación absoluta.
-Ohhh, sí, vaya que sí.- dijo Alfonso.
-¡No puedes hacer éso! ¡No eres capaz...!- la voz de Dylan temblaba.
-Ya lo creo que puedo.- se rió Alfonso.- La PlayStation está en tu casa, pero la pagamos entre los dos. Así que, lo dicho: o le dices a Anabel lo que sientes, o... ¡adiós, PlayStation!-
-¡No, tío, por favor! ¡No puedes arrebatarme lo que más quiero en el mundo! ¡Ésa consola lo es todo para mí...!- exclamaba Dylan.
Alfonso levantó una ceja.
-Vamos, tío...- siguió Dylan.-Sabes que no podría hablar con Anabel ni aunque reuniese todo el valor del mundo...-
-Bueno, vale, cómo quieras.- dijo Alfonso encogiéndose de hombros.- A la PlayStation le encantará mudarse a mi casa...Ya tengo calculada la anchura de la tele para que los videojuegos se vean bie...-
Fue interrumpido por Dylan:
-¡Lo haré! ¡Lo haré, hablaré con Anabel, le diré lo que siento! Pero por favor, notelleveslaPlayStatioooon...- las últimas palabras las dijo seguidamente, pegadas, mientras ahogaba un sollozo.
-¡Andando!- dijo Alfonso, empujando a Dylan.
-¡Tío, lo has convencido! Eres un crack.- dijo David, chocando la mano con Alfonso.
Los cuatro amigos volvieron a la mesa en la que estaban Claudia y Anabel. ¡Claudia dormía sobre la mesa con una mano colgando!
-¿Qué le ha pasado?- preguntó Óscar, corriendo hacia Claudia y poniendo sus manos sobre el brazo que ella tenía sobre la mesa.
Anabel se rió y se encogió de hombros.
-Toda la energía que tenía se le ha ido de golpe. Es lo malo que tiene la hiperactividad: se va cuándo menos te lo esperas.-
-Claudia.- dijo Óscar suavemente.-Claudia, ¿me oyes? Despierta.-
Claudia roncó.
Todo el mundo se rió. Óscar sólo soltó una leve carcajada.
-Ejem.- carraspeó Dylan.-A...Anabel...-
-¿Sí?-
-¿Te gustaría ve-venir a mi casa ésta t-tarde?- dijo tartamudeando. Entonces pensó en su hermana Jennifer y dijo. -Ay, no, no puede ser... Ejem...-
-Da igual.- dijo ella.-Puedes venir tú a la mía.-
Dylan asintió. <<¡Toma!>>
-Ehm, sí, claro, claro, me encantaría ir a tu casa.- dijo. -¿Habrá alguien?-
-Hm... creo que no.- dijo Anabel.
Dylan volvió a asentir. <<¡Toma yaaa...! ¡Síííí, nena...!>>
-Vale, pues iré sobre las... Hm... ¿Y si vamos ahora?- dijo.
-¡Claro! Cuándo el camarero nos traiga la cuenta, despertaremos a Claudia y te vendrás a mi casa conmigo. Ya verás, ¡la decoración es más bonita...!- comentó Anabel.
Detrás de Anabel estaban Óscar, Alfonso y David. Éstos le guiñaron un ojo a Dylan, que sonrió.
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Más tarde, Dylan y Anabel ya fueron de camino a casa de Anabel.
Entraron. Anabel dio una vuelta sobre sí misma.
-Bueno, pues ésta es mi casa.- dijo.
-Qué bonita...- dijo Dylan. <<¡Cómo tú! ¡Cómo tú! ¡¡¡Cómo túúúúúú!!!>> pensó.
Anabel se acercó a él y lo miró dulcemente. Sus ojos azules verdosos brillaban.
-Tengo algo que decirte.- dijeron los dos a la vez. Se rieron.-Tú primero.- volvieron a decir al mismo tiempo. Se volvieron a reír.
-Vale...- dijo Dylan, inspirando hondo.
El ambiente silencioso crepitaba de tensión. Inquietaba de silencio. Los corazones de ambos latían con fuerza. Era lo único que se podía oír en aquellos momentos.
Dylan miró alrededor. Gotas de sudor caían por su frente. Anabel también sudaba. Pero su flequillo rubio hacia el lado impedía que se pudiese ver el sudor. Los nervios creaban una sensación de angustia increíble.
Las manos de ambos temblaban. Escalofríos recorrían sus espaldas. La cosa estaba tardando demasiado. Había que decirlo. Ya.
-¡Me gustas!- dijeron los dos a la vez.
A continuación, los dos se quedaron boquiabiertos.
FIN
