
Capítulo 5: Pareja oficial... ¿o no?
Dylan y Anabel habían quedado con el resto de la pandilla en el parque. Ellos dos habían sido los primeros en llegar y ya llevaban un buen rato besándose sentados en un banco.
En ésos momentos llegaron Óscar y Natalia. Al verlos se sobresaltaron. (Bueno, Natalia no tanto, ya que la noche anterior, en la fiesta de pijamas, Anabel les había contado que Dylan y ella ya eran novios.)
-¡Pero bueno!- exclamó Óscar, perplejo.-¿Qué hacéis intercambiando saliva de ése modo?-
-Tranquilo, hermanito, ésto yo ya lo sabía.- le dijo Natalia dándole unas palmaditas en el hombro. Con sus vaqueros negros ajustados, su camiseta negra de tirantes con arañazos amarillos, zapatos amarillos con tacón de cinco centímetros, y su melena larga y pelirroja, Natalia era la viva imagen de Bella Thorne a punto de rodar un episodio de Shake It Up. Óscar, en cambio, llevaba zapatillas negras, vaqueros negros, y una camiseta verde en la que salía la cara de un Frankenstein muy mono. Nadie diría que Natalia, una fashionista compulsiva, y Óscar, un skater pasota y vago, fuesen hermanos.
-Hola, chicos.-los saludó Anabel, empujando el torso de Dylan con una mano para separarlo de ella. Dylan se quedó con los ojos cerrados y poniendo morritos.
Óscar cogió una pelotita de golf que alguien había perdido por ahí y la puso ante los morros de Dylan. Éste, al tener los ojos cerrados, besó la pelota pensando que era Anabel.
-¡Jajajajaja!- se rió Anabel.
Dylan abrió los ojos de par en par y gritó.
-¡Ahhhh! ¡Óscar, hijo de puta, me has hecho besar una pelota de golf llena de mierda!- exclamó, mientras se frotaba la boca con la mano.
Óscar se partía el culo de risa. Dylan fue a abalanzarse sobre él cuándo Natalia se le puso delante-
-¡Eh, eh, eh! ¡Si llamas hijo de puta a Óscar, me llamas hija de puta a mí, porque Óscar y yo tenemos la misma madre!- dijo, cruzando los brazos.
-Ña, ña, ña...- le hizo burla Dylan.
-Bueno, ¿cuándo llegarán los demás?- preguntó Anabel.
Precisamente entonces, por el camino llegaron Alfonso, David y Claudia.
Óscar chocó la mano con Claudia y luego la cogió en brazos.
-¡Uh! ¿A qué viene esto? ¡Suéltame!- se rió Claudia.
-Claudia, debo decirte una cosa.- dijo solemne Óscar.
-Vale, dímela, pero ¡suéltame!- Claudia soltó una risita nerviosa, mientras se agarraba con fuerza al cuello de Óscar.
-No te dejaré en el suelo hasta habértelo dicho.- dijo Óscar.
-Bueno, pues ¡¡¡dímelo!!!- vociferó Claudia.
Óscar inspiró con fuerza.
-Claudia Willows, me gustas.-todos los demás sonrieron y cuchichearon cosas.-Quiero que seamos novios porque estoy enamorado de ti.- al acabar de hablar, levantó las cejas.
Claudia se quedó perpleja. Rodeó su nuca con una mano y acercó su cara a la suya. Le besó.
Todos los demás aplaudieron.
-¡Muy bien, Óscar!- vociferó Dylan.
-¡Estoy orgullosa de ti, hermano!- exclamó Natalia.
-¡Viva óscar! ¡Viva Claudia!- gritó David.
-¡Parejiiiiita, parejiiiiiita!- gritó Alfonso.
-¡Yujuuuuuuuuuuu!- chilló Anabel.
Una vez que Óscar y Claudia terminaron de besarse, Óscar la dejó en el suelo. Claudia lo abrazó.
-Sí que has tardado, cariño...- dijo.-A mí también me gustabas.-
-¿Cómo? Espera... ¿Te quejas de que yo he tardado cúando podrías haberte declarado tú?- vociferó Óscar, sin saber si echarse a reír o enfadarse.
-Atención, un momento.- dijo Anabel con suavidad. Todos se giraron hacia ella. Agarró a Dylan del brazo.-Quiero deciros que Dylan y yo... ¡estamos saliendo!-
-¡Woooo!- los demás se pusieron en fila y hicieron una ola.
Anabel se rió y apoyó su cabeza en el hombro de Dylan. Éste le besó la cabeza.
-Ayer mismo nos declaramos.- dijo él.-¡Y al mismo tiempo!-
Anabel soltó una risita.
-Hacéis una gran pareja.- sonrió David.
-¿Ves, Dylan?- dijo Alfonso, rodeando a Dylan con el brazo.-No era tan difícil decirle a Anabel lo que sentías.-
-¡Tío, tu me amenazaste con quitarme la PlayStation si no lo hacía!- exclamó Dylan.
-Si no te hubiese dicho eso, nunca te habrías declarado a Anabel, y ahora mismo no estarías tan feliz.- comentó Alfonso. Dylan asintió, rendido, y abrazó a Alfonso.
En esos momentos, Candace y Sensaina llegaron al parque. Sensaina entró tranquila y con paso firme, dejando atrás a Candace, que se tambaleaba sobre sus tacones de once centímetros.
-¡Sen, espera!- gritaba Candace. Su larga melena color mantequilla se movía arriba y abajo cada vez que ella se tambaleaba.
-¡Hola, chicos!- dijo Sensaina, una vez que estuvo frente a los demás.
-¡Hola! ¿Sabes qué? ¡Mi hermano se le ha declarado a Claudia!- le dijo Natalia a Sensaina.
Sensaina asintió con entusiasmo.
-¡Guaaay!- exclamó.
-¡Y Anabel y yo hemos hecho pública nuestra relación!- exclamó Dylan, orgulloso.
-¡Fantástico! ¡Me alegro mucho por ambas parejas!- dijo Sensaina, haciendo una leve inclinación oriental.
Claudia echó sus brazos alrededor del cuello de Sensaina y la apretó contra sí.
-¡Quién diría que sería tan reconfortante tener colegas de verdad!- exclamó.
-¿Y si nos vamos a dar una vuelta en tu coche, Claudia?- propuso Anabel.
-¡Vale! Tranquis, cabemos todos, mi descapotable rojo es enorme.
-¿Cabrá también la mejor equilibrista del mundo?- preguntó sarcástica Sensaina, apuntando detrás suya, dónde Candace ya llegaba tambaleándose.
-¡Hey, Candace!- la saludó Claudia.
-¡Hola a todos!- dijo Candace con voz agotada.-Es la última vez que me pongo tacones tan altos.- resopló.
-¿Quieres venirte a dar una vuelta con nosotros en mi coche?- preguntó Claudia.
-¡Claro! ¡Vamos!- exclamó Candace.
Y, todos juntos, salieron del parque.
FIN



