5 de diciembre de 2011

Capítulo 5: Pareja oficial... ¿o no?

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Capítulo 5: Pareja oficial... ¿o no?

Dylan y Anabel habían quedado con el resto de la pandilla en el parque. Ellos dos habían sido los primeros en llegar y ya llevaban un buen rato besándose sentados en un banco.
En ésos momentos llegaron Óscar y Natalia. Al verlos se sobresaltaron. (Bueno, Natalia no tanto, ya que la noche anterior, en la fiesta de pijamas, Anabel les había contado que Dylan y ella ya eran novios.)

-¡Pero bueno!- exclamó Óscar, perplejo.-¿Qué hacéis intercambiando saliva de ése modo?-

-Tranquilo, hermanito, ésto yo ya lo sabía.- le dijo Natalia dándole unas palmaditas en el hombro. Con sus vaqueros negros ajustados, su camiseta negra de tirantes con arañazos amarillos, zapatos amarillos con tacón de cinco centímetros, y su melena larga y pelirroja, Natalia era la viva imagen de Bella Thorne a punto de rodar un episodio de Shake It Up. Óscar, en cambio, llevaba zapatillas negras, vaqueros negros, y una camiseta verde en la que salía la cara de un Frankenstein muy mono. Nadie diría que Natalia, una fashionista compulsiva, y Óscar, un skater pasota y vago, fuesen hermanos.

-Hola, chicos.-los saludó Anabel, empujando el torso de Dylan con una mano para separarlo de ella. Dylan se quedó con los ojos cerrados y poniendo morritos.

Óscar cogió una pelotita de golf que alguien había perdido por ahí y la puso ante los morros de Dylan. Éste, al tener los ojos cerrados, besó la pelota pensando que era Anabel. 

-¡Jajajajaja!- se rió Anabel.

Dylan abrió los ojos de par en par y gritó.

-¡Ahhhh! ¡Óscar, hijo de puta, me has hecho besar una pelota de golf llena de mierda!- exclamó, mientras se frotaba la boca con la mano.
Óscar se partía el culo de risa. Dylan fue a abalanzarse sobre él cuándo Natalia se le puso delante-

-¡Eh, eh, eh! ¡Si llamas hijo de puta a Óscar, me llamas hija de puta a mí, porque Óscar y yo tenemos la misma madre!- dijo, cruzando los brazos.

-Ña, ña, ña...- le hizo burla Dylan.

-Bueno, ¿cuándo llegarán los demás?- preguntó Anabel.

Precisamente entonces, por el camino llegaron Alfonso, David y Claudia.

Óscar chocó la mano con Claudia y luego la cogió en brazos.

-¡Uh! ¿A qué viene esto? ¡Suéltame!- se rió Claudia.

-Claudia, debo decirte una cosa.- dijo solemne Óscar.

-Vale, dímela, pero ¡suéltame!- Claudia soltó una risita nerviosa, mientras se agarraba con fuerza al cuello de Óscar.

-No te dejaré en el suelo hasta habértelo dicho.- dijo Óscar.

-Bueno, pues ¡¡¡dímelo!!!- vociferó Claudia.

Óscar inspiró con fuerza.

-Claudia Willows, me gustas.-todos los demás sonrieron y cuchichearon cosas.-Quiero que seamos novios porque estoy enamorado de ti.- al acabar de hablar, levantó las cejas.

Claudia se quedó perpleja. Rodeó su nuca con una mano y acercó su cara a la suya. Le besó.

Todos los demás aplaudieron.

-¡Muy bien, Óscar!- vociferó Dylan.

-¡Estoy orgullosa de ti, hermano!- exclamó Natalia.

-¡Viva óscar! ¡Viva Claudia!- gritó David.

-¡Parejiiiiita, parejiiiiiita!- gritó Alfonso.

-¡Yujuuuuuuuuuuu!- chilló Anabel.

Una vez que Óscar y Claudia terminaron de besarse, Óscar la dejó en el suelo. Claudia lo abrazó.

-Sí que has tardado, cariño...- dijo.-A mí también me gustabas.-

-¿Cómo? Espera... ¿Te quejas de que yo he tardado cúando podrías haberte declarado tú?- vociferó Óscar, sin saber si echarse a reír o enfadarse.

-Atención, un momento.- dijo Anabel con suavidad. Todos se giraron hacia ella. Agarró a Dylan del brazo.-Quiero deciros que Dylan y yo... ¡estamos saliendo!-

-¡Woooo!- los demás se pusieron en fila y hicieron una ola.

Anabel se rió y apoyó su cabeza en el hombro de Dylan. Éste le besó la cabeza.

-Ayer mismo nos declaramos.- dijo él.-¡Y al mismo tiempo!-

Anabel soltó una risita.

-Hacéis una gran pareja.- sonrió David.

-¿Ves, Dylan?- dijo Alfonso, rodeando a Dylan con el brazo.-No era tan difícil decirle a Anabel lo que sentías.-

-¡Tío, tu me amenazaste con quitarme la PlayStation si no lo hacía!- exclamó Dylan.

-Si no te hubiese dicho eso, nunca te habrías declarado a Anabel, y ahora mismo no estarías tan feliz.- comentó Alfonso. Dylan asintió, rendido, y abrazó a Alfonso.

En esos momentos, Candace y Sensaina llegaron al parque. Sensaina entró tranquila y con paso firme, dejando atrás a Candace, que se tambaleaba sobre sus tacones de once centímetros.

-¡Sen, espera!- gritaba Candace. Su larga melena color mantequilla se movía arriba y abajo cada vez que ella se tambaleaba.

-¡Hola, chicos!- dijo Sensaina, una vez que estuvo frente a los demás.

-¡Hola! ¿Sabes qué? ¡Mi hermano se le ha declarado a Claudia!- le dijo Natalia a Sensaina.

Sensaina asintió con entusiasmo.

-¡Guaaay!- exclamó.

-¡Y Anabel y yo hemos hecho pública nuestra relación!- exclamó Dylan, orgulloso.

-¡Fantástico! ¡Me alegro mucho por ambas parejas!- dijo Sensaina, haciendo una leve inclinación oriental.

Claudia echó sus brazos alrededor del cuello de Sensaina y la apretó contra sí.

-¡Quién diría que sería tan reconfortante tener colegas de verdad!- exclamó.

-¿Y si nos vamos a dar una vuelta en tu coche, Claudia?- propuso Anabel.

-¡Vale! Tranquis, cabemos todos, mi descapotable rojo es enorme.

-¿Cabrá también la mejor equilibrista del mundo?- preguntó sarcástica Sensaina, apuntando detrás suya, dónde Candace ya llegaba tambaleándose.

-¡Hey, Candace!- la saludó Claudia.

-¡Hola a todos!- dijo Candace con voz agotada.-Es la última vez que me pongo tacones tan altos.- resopló.

-¿Quieres venirte a dar una vuelta con nosotros en mi coche?- preguntó Claudia.

-¡Claro! ¡Vamos!- exclamó Candace.

Y, todos juntos, salieron del parque.

FIN

Capítulo 4: La fiesta de pijamas

Capítulo 4: La fiesta de pijamas

-¡¿Y os besásteis?!- preguntó Candace gritando.

-¡Sí! ¡Fue algo alucinante!- respondió Anabel.

-Caray.- masculló Natalia, sacudiendo la cabeza. Su flequillo pelirrojo se agitaba.-Nunca pensé que Dylan y tú tendríais rollo.-

-No tuvimos rollo, Nat. Simplemente fueron besos.- soltó una risita.-¡Largos, y dulces, y placenteros, y románticos besos.

Las cinco amigas (Anabel, Claudia, Natalia, Candace y Sensaina) estaban sentadas en la cama de Anabel formando un círculo. Todas llevaban pijama y los pies descalzos, salvo Candace y Natalia, que llevaban calcetines.

-Me alegro por ti.- dijo Claudia abrazando a Anabel, y pegando su mejilla a la de ella.-Se nota que estás muy enamorada de él.-

-¿Y cómo no voy a estarlo?- exclamó Anabel felizmente.-Es guapo, dulce, simpático...- suspiró.

Sensaina sacó del bolsillo del pantalón de su pijama un iPod táctil de color blanco. 

-¿Y si ponemos música?- sugirió sonriendo.

-Buena idea, Sen.- Natalia levantó el pulgar.

Sensaina dio unos cuantos toquecitos en la pantalla y la canción Arigato de Utada Hikaru empezó a sonar.

Arigato, to kimi ni iwareru to nandaka setsunai, sayonara no ato no tokenu mahou awaku horonigai, the flavor of life... the flavor of life...
-¡Me encanta ésta canción!- vociferó Sensaina, pegando el iPod en la parte dónde estaba su corazón.
-Uf, ¿te enteras de algo?- preguntó Candace haciendo una mueca.-Está en japonés.-
-Me entero de todo.- dijo Sensaina, marcando cada una de las palabras con un tono de voz avinagrado.-Por si no te has dado cuenta, provengo de Ásia.-
-Pon otra más marchosa, Sensaina.- dijo Claudia.-Ésta es una fiesta de pijamas. Deberíamos poner música marchosa, no canciones de amor en japonés.-
Sensaina frunció el ceño y paró la música.
-Bueno.- propuso Candace.-¿Nos contamos curiosidades sobre nosotras?-
-Vale.- Claudia se encogió de hombros.-Empiezo yo. Hummm... ¿Sabíais que de pequeña, me pensaba que los bebés caían del cielo y aterrizaban en las habitaciones de su hospital correspondiente?-
Todas las demás estallaron en risas.
Claudia se reía tanto que los ojos se le llenaron de lágrimas. A su lado estaba Sensaina.
-Vale, Sen, te toca.- dijo Anabel, señalando a Sensaina con el dedo.
-Bien, ummm...- masculló Sensaina.-¿Sabíais que mi nombre en japonés significa "delicada brisa"? Sensaina significa delicada, y mi apellido, Soyokaze, significa brisa.-
-¡Qué guay!- exclamó Natalia.
-Sí, sí, sí, pero ahora te toca a ti.- dijo Candace, ya que Natalia estaba sentada al lado de Sensaina.
-Bueno, emmm... ¿Sabíais que más de una vez he querido arrancarle la cabeza a mi hermano?- exclamó, cogiendo un cojín y dándole puñetazos.
-¡Oye!- exclamó Claudia, dándole un leve empujón a Natalia.-No digas eso. Tu hermano es muy guay.-
-Sí, y yo soy la rrrrrrreina de España.- dijo Natalia, cogiendo una corona de gomaespuma y poniéndosela en la cabeza.
-¡Anda, mi corona perdida!- vociferó Anabel, arrebatándole la corona a Natalia de la cabeza y poniéndosela ella.
-Estaba debajo de la almohada.- se rió Natalia.
-Uuuhhh, Claudia.- ululó Candace, dándole con el codo a Claudia.-Cualquiera diría que estás coladita por Óscar.-
-¡Qué va!- exclamó Claudia.-Anda, ve y prepara unas palomitas.-
-¡Enseguida!- dijo Candace, levantándose de la cama de un salto.-Anabel, ¿dónde están las palomitas?-
-Baja a la cocina y verás una despensa con cajones. Están en el tercer cajón.- respondió Anabel.
-Vale. ¡Ahora vuelvooo!- cantó Candace. Se giró y echó a andar, mientras una caprichosa mata de pelo color rubio  mantequilla oscilaba a su espalda, cómo haciendo un gesto de despedida.
-Qué loca que está.- se rió Claudia.
-Sí.- dijo Natalia.-Pero por eso la queremos.-
-Bueno, dime- Sensaina agarró una de las manos de Anabel. Estaba helada.-¿Y cómo crees que te irá con Dylan en el  futuro?-
Anabel se echó una suave manta lila sobre los hombros para calentarse.
-Seguro que muy bien.-dijo.-Él me encanta...-
Tiritó. Por la noche solía hacer bastante frío en su habitación. Natalia lo notó y se acercó hacia ella para abrazarla.
-Me alegro mucho por vosotros dos.- dijo, mientras sus hermosos ojos verdes brillaban.
-Gracias, Nat.- sonrió Anabel, acariciando la larga y lisa melena pelirroja de Natalia.
Sensaina recogió su pelo negro y se lo echó por encima de un hombro.
-Bueno, y ¿cuándo seréis novios oficialmente?- preguntó, mientras miraba despreocupadamente sus uñas, pintadas de un color marrón claro. Hacían juego con su pijama, con estampado de guepardo.
-No sé.- Anabel se encogió de hombros.-Lo de hoy sólo ha sido la confesión de amor y unos pocos besuqueos. Igual  mañana decidimos dar un paso más y declararnos novios oficialmente.-
Desde abajo llegó un delicioso aroma de palomitas.
-Ojo, no se le vayan a quemar las palomitas a Candace.- se rió Claudia.
-¡Jajajajaja!- rieron las demás.
-Puede que Candace sea un poco despistada, pero no tanto.- dijo Sensaina.
-Bueno.- suspiró Natalia.-¿Y si luego hacemos una pelea de almohadas?-
-¡Me gusta la idea!- asintió Claudia.
-¡Vale! Después del maratón de pelis, haremos una súper guerra de almohadas.- dijo Anabel, mientras se levantaba de la cama, aún con la manta echada sobre los hombros, y encendía el amplio televisor que había enfrente de su cama.
-¿Qué peli vemos primero?- preguntó Claudia, rebuscando entre una caja de películas.
-Hummm... ¿Qué tal Percy Jackson y el ladrón del rayo?- propuso Natalia.
-¡Mola!- exclamó Sensaina.
En ésos momentos entró Candace con un bol lleno de palomitas.
-¡Palomitaaaaaaaas!- vociferó.
-¡Ñam!- Natalia y Sensaina saltaron sobre ella y cogieron palomitas a montones del bol.
-La noche aún es joven.- sonrió Anabel.-¡Y nosotras nos vamos a divertir un montón!
FIN

Capítulo 3: Amor Adolescente

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Capítulo 3: Amor Adolescente

Anabel y Dylan estaban de pie, uno frente al otro, boquiabiertos. El silencio provocaba una terrible ansiedad.

Se decidieron a hablar. Nuevamente, dijeron lo mismo y al mismo tiempo.

-¿De verdad?- 

Soltaron una risita.

-Sí.- dijeron, cómo no, a la vez.

Dylan dio tres pasos hacia ella, vacilante, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón vaquero.

-Siento atracción por ti desde que nos conocimos en la guardería...-

*Flashback de Dylan.*
Dylan está columpiándose sólo en el recreo de la guardería. Apenas tiene cuatro años. Aún no ha conocido ni a Óscar, ni a David, ni a Alfonso. Está muy triste, porque no tiene amigos. De pronto, se le acerca una niña de su edad, rubia y con grandes ojos verdes azulados.

-¡Hola!- dice la niña.-¿Cómo te llamas?-

-D...Dylan.- responde él, tembloroso.-¿Y tú?-

-¡Anabel!- la niña le coge de la mano y esboza una preciosa sonrisa.-¿Quieres venir a jugar conmigo? Mis amigas Claudia y Candace no han venido...-

-Cl...claro. Vamos a jugar.- responde Dylan. Y echan a correr cogidos de la mano.

*Fin del flashback.*

Dylan sacudió la cabeza para volver a la realidad. Miró a Anabel a ésos enormes ojos verdes azulados que le habían enamorado desde el primer momento y le dijo:

-Yo estaba sólo. No tenía ningún amigo. Y tú te acercaste a mí. Fuiste amable y dulce conmigo, cuándo nadie más quiso serlo. Desde entonces he estado colado por ti.-

Anabel se puso una mano en la clavícula y sonrió dulcemente.

-Oh, Dylan...- murmuró tiernamente.

Se acercó a él y le cogió las manos. 

-Yo también me enamoré de ti desde que nos conocimos.-

Se miraron a los ojos con ternura. Sus ojos brillaban de felicidad y sus bocas cerradas sonreían. Dylan ladeó la cabeza y soltó:

-¿Sabías que Óscar está por Claudia?-

-¡Venga ya! ¿Qué me dices?- se sorprendió Anabel, riéndose levemente.

-Ya que estamos de confesiones...- se rió Dylan.

Anabel consiguió parar de reír y luego miró a Dylan a los ojos. Sin decir más, cogió el cuello de su camiseta, tiró de él hacia sí y le besó. Apretó sus labios fuertemente contra los de él. Luego el beso se intensificó. Giraban sus cabezas hacia izquierda y derecha. Cerraban los ojos. Se abrazaban. Y se seguían besando.

Cinco minutos más tarde, el móvil de Dylan sonó. Éste estaba tan distraído besando a Anabel que se sobresaltó al oír sonar el "bip, bip, bip" que emitía su móvil cada vez que recibía un mensaje.

-¡Mierda!- gritó, dando un salto.-Tengo un mensaje.-

Abrió su móvil y leyó el mensaje. Era de Alfonso.

De: Alfonso. Para: Dylan. Hora: 17:29.
Mensaje: ¿Ya le has dicho a Anabel lo que sientes por ella? ¡Recuerda que si no se lo dices hoy me llevo la PlayStation a mi casa! 

-¿De quién es el mensaje?- preguntó Anabel, que no había leído el mensaje porque se encontraba al lado de Dylan.

-De mi tía Margarita.- respondió Dylan distraídamente, mientras tecleaba un mensaje a Alfonso y pulsaba "enviar."

De: Dylan. Para: Alfonso. Hora: 17:30 
Mensaje: ¡No sólo eso, sino que además ha habido besuqueo! ¡Me quedo con la Play! ¡Uajajajaja!

-Tú no tienes ninguna tía llamada Margarita.- reflexionó Anabel, apuntando a Dylan con el dedo índice.

-¡Sí la tengo!- dijo Dylan, prácticamente escupiendo las palabras. <<Mentira.>> pensó. Intentando cambiar de tema, acercó su cara a la de Anabel.-Bueno, ¿por dónde íbamos?-

Anabel soltó una risita, y, acariciando la nuca de Dylan, volvió a besarle.

FIN

12 de noviembre de 2011

Capítulo 2: Quedamos en... ¿la casa de Anabel?

Capítulo 2: Quedamos en... ¿la casa de Anabel?

Tras haber estado largo rato en el parque, el grupo de amigos se había ido a una cafetería. 

-¡Helados!- exclamó Claudia, que se había tomado una cafeína, lo cuál le hizo ponerse cómo una moto, ya que es hiperactiva.-¡Quiero tomarme otros cinco helados! ¡Jajajajajaaaa! ¡Con mucha, muuuucha azúcar!-

Agitaba sin parar el tobillo. 
Óscar se moría de ganas de pegarle dos ostias para quitarle la hiperactividad, pero decidió no hacerlo, ya que Claudia le gustaba en secreto.

Dylan no paraba de mirar a Anabel. David, Óscar y Alfonso se habían dado cuenta. Se llevaron a Dylan aparte, dejando a Anabel y a Claudia solas en la mesa. Una vez alejados de ellas, David dijo:

-¡Tío, o le dices a Anabel que quieres ser su novio, o se lo digo yo!-

-¡Chssttt!- Dylan le calló.- Cuándo os dije que me gustaba Anabel prometísteis no soltar ni prenda!-

-Cierto.- dijo David acto seguido, bajando la cabeza.

Alfonso se pasó la mano por su cabello rubio oscuro y comentó:

-Tío, somos tus amigos. Nos preocupamos por ti. Por éso queremos que le digas ya a Anabel lo que sientes por ella.-

-Sí.- añadió Óscar.-Yo pienso decirle a Claudia que estoy por ella tan pronto cómo deje de estar hiperactiva.- se cruzó de brazos y sonrió.

David, Dylan y Alfonso lo miraron muy serios.

-¿Qué?- preguntó Óscar.

-No te lo crees ni tú.- respondieron los otros tres al unísono. Luego se rieron.

-El caso es que- continuó Alfonso.-Deberías decirle de una vez lo que sientes.-

-¡Oh, tío, no me seas maricón!- exclamó Dylan con una carcajada.-¡No te pongas a decir frases típicas de una nena!-

Alfonso frunció el ceño.

-O confesión o PlayStation.-

-¡No!- Dylan pasó de carcajearse a un estado de preocupación absoluta.

-Ohhh, sí, vaya que sí.- dijo Alfonso.

-¡No puedes hacer éso! ¡No eres capaz...!- la voz de Dylan temblaba.

-Ya lo creo que puedo.- se rió Alfonso.- La PlayStation está en tu casa, pero la pagamos entre los dos. Así que, lo dicho: o le dices a Anabel lo que sientes, o... ¡adiós, PlayStation!-

-¡No, tío, por favor! ¡No puedes arrebatarme lo que más quiero en el mundo! ¡Ésa consola lo es todo para mí...!- exclamaba Dylan.

Alfonso levantó una ceja.

-Vamos, tío...- siguió Dylan.-Sabes que no podría hablar con Anabel ni aunque reuniese todo el valor del mundo...-

-Bueno, vale, cómo quieras.- dijo Alfonso encogiéndose de hombros.- A la PlayStation le encantará mudarse a mi casa...Ya tengo calculada la anchura de la tele para que los videojuegos se vean bie...-

Fue interrumpido por Dylan:

-¡Lo haré! ¡Lo haré, hablaré con Anabel, le diré lo que siento! Pero por favor, notelleveslaPlayStatioooon...- las últimas palabras las dijo seguidamente, pegadas, mientras ahogaba un sollozo.

-¡Andando!- dijo Alfonso, empujando a Dylan.

-¡Tío, lo has convencido! Eres un crack.- dijo David, chocando la mano con Alfonso.

Los cuatro amigos volvieron a la mesa en la que estaban Claudia y Anabel. ¡Claudia dormía sobre la mesa con una mano colgando!

-¿Qué le ha pasado?- preguntó Óscar, corriendo hacia Claudia y poniendo sus manos sobre el brazo que ella tenía sobre la mesa.

Anabel se rió y se encogió de hombros.

-Toda la energía que tenía se le ha ido de golpe. Es lo malo que tiene la hiperactividad: se va cuándo menos te lo esperas.-

-Claudia.- dijo Óscar suavemente.-Claudia, ¿me oyes? Despierta.-

Claudia roncó.

Todo el mundo se rió. Óscar sólo soltó una leve carcajada.

-Ejem.- carraspeó Dylan.-A...Anabel...-

-¿Sí?-

-¿Te gustaría ve-venir a mi casa ésta t-tarde?- dijo tartamudeando. Entonces pensó en su hermana Jennifer y dijo. -Ay, no, no puede ser... Ejem...-

-Da igual.- dijo ella.-Puedes venir tú a la mía.-

Dylan asintió. <<¡Toma!>>

-Ehm, sí, claro, claro, me encantaría ir a tu casa.- dijo. -¿Habrá alguien?-

-Hm... creo que no.- dijo Anabel.

Dylan volvió a asentir. <<¡Toma yaaa...! ¡Síííí, nena...!>>

-Vale, pues iré sobre las... Hm... ¿Y si vamos ahora?- dijo.

-¡Claro! Cuándo el camarero nos traiga la cuenta, despertaremos a Claudia y te vendrás a mi casa conmigo. Ya verás, ¡la decoración es más bonita...!- comentó Anabel.

Detrás de Anabel estaban Óscar, Alfonso y David. Éstos le guiñaron un ojo a Dylan, que sonrió.

                                                                   ************************************
Más tarde, Dylan y Anabel ya fueron de camino a casa de Anabel.

Entraron. Anabel dio una vuelta sobre sí misma. 

-Bueno, pues ésta es mi casa.- dijo.

-Qué bonita...- dijo Dylan. <<¡Cómo tú! ¡Cómo tú! ¡¡¡Cómo túúúúúú!!!>> pensó.

Anabel se acercó a él y lo miró dulcemente. Sus ojos azules verdosos brillaban. 

-Tengo algo que decirte.- dijeron los dos a la vez. Se rieron.-Tú primero.- volvieron a decir al mismo tiempo. Se volvieron a reír.

-Vale...- dijo Dylan, inspirando hondo.

El ambiente silencioso crepitaba de tensión. Inquietaba de silencio. Los corazones de ambos latían con fuerza. Era lo único que se podía oír en aquellos momentos.

Dylan miró alrededor. Gotas de sudor caían por su frente. Anabel también sudaba. Pero su flequillo rubio hacia el lado impedía que se pudiese ver el sudor. Los nervios creaban una sensación de angustia increíble. 
Las manos de ambos temblaban. Escalofríos recorrían sus espaldas. La cosa estaba tardando demasiado. Había que decirlo. Ya.

-¡Me gustas!- dijeron los dos a la vez. 

A continuación, los dos se quedaron boquiabiertos.

FIN

Capítulo 1: ¿Locos? ¡Anda ya!

Capítulo 1: ¿Locos? ¡Anda ya!

El sol de la mañana resplandecía con su serenidad y brillo. Se oía el canto de los pájaros... Se sentía una suave brisa... La calma y la tranquilidad reinaban en todo el barrio...

-WOAH, I FEEL GOOD!!!!! ♫ CHANANANANANANA!!! I know that i would now!! CHANANANANANANA!!! I feel good!!! CHANANANANANANA!!! I know that i would now!! Chanananananana!! So good! CHA-NA!! So good! CHA-NA!! I got you!!! CHA-NA-NA-NA!!!- el joven y alocado Dylan cantaba desenfrenadamente la canción de "I feel good," de James Brown. De pie sobre la cama de su habitación, fingía que tocaba la guitarra.


-¡¡¡DYYYLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANNN!!!- una voz femenina gritó con tanta fuerza que se escuchó por encima de la música. Una niña de apenas 12 años abrió la puerta de la habitación de Dylan con tanta fuerza que la estampó contra la pared.-¡¿Quieres callarte de una vez y parar la música?!- gritó la chiquilla.


-Ésos humos, hermanita.- Dylan bajó de la cama de un salto y apagó la música, que sonaba en un reproductor de CD.-No deberías decirle a tu hermano mayor lo que debe hacer o no.-


-¡En cuánto vuelva mamá de comprar me chivaré de que tenías la música a toda ostia!- gritó la niña, girándose para salir de la habitación. Entonces se volvió una última vez y dijo: -¡Y YO PUEDO DECIR LO QUE ME DE LA GANA!- y salió, dando un portazo.


-Niñata...- murmuró Dylan para sí. Estaba harto de que su hermana pequeña Jennifer fuese tan repelente. Su móvil sonó en aquel instante.


Until the day i dieeeeeeeee...!!! I'll spill my heart for youuuuuuuu....!!! Until the day i dieeeeeeeee...!!!


Dylan bailó durante unos segundos al rimto de la canción "Until the day i die," que era la canción que tenía cómo tono de llamada. Luego abrió su teléfono y dijo con voz grogui:


-¿Diiiga?-


-¡Hey, Dylan! Soy Anabel.- una voz femenina sonó al otro lado.


-¡Anabel!-Dylan se tropezó hacia atrás. Su trasero chocó con su cómoda, y sobre su cómoda había una lámpara, que se cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Dylan se quedó con la boca abierta.


-¿Qué es éso que he oído?- preguntó Anabel.


-Eh... ¡nada! Ehm... Los niños que juegan en la calle, ya sabes... ¡Han roto el cristal de la peluquería de al lado!- respondió Dylan.


Anabel se rió.


-Has roto algo, ¿a que sí?-


-¿Yooo? ¡Qué va! Ya te he dicho que han sido los niñatos éstos que siempre están jugando en mi calle.- dijo Dylan rascándose la nuca.-Bueno, ¿que querías?-


-Quería saber si te ibas a pasar por el parque. Estaré allí con toda la panda.- dijo Anabel.


-Claro, me pasaré por allí. Ahora mismo voy. Nos vemos.- dijo Dylan. Colgó el teléfono, recogió la lámpara rota del suelo y la tiró a la basura. Corriendo, cogió una lámpara exactamente igual del  almacén de la casa y la colocó sobre la cómoda de su habitación.


En ésos momentos se oyó la puerta.


-¡Hola, mamá!- gritó Jennifer.-Tengo que decirte una cosa. Dylan tenía la música a todo volumen, osea, que tienes que reñirle.-


Dylan salió disparado hacia la puerta. Pasó al lado de su madre y le besó la mejilla.


-Holamamáadiósmamámevoyalparqueconmisamigos.- dijo seguidamente. Y salió por la puerta.


Dylan llegó al parque tras unos minutos caminando. Allí estaban Anabel, Óscar, Claudia, Alfonso y David. Anabel, sentada en un banco junto a Claudia, estaba reproduciendo con su móvil la canción de "Party Rock." Óscar, Alfonso y David hacían breakdance y volteretas por el suelo al ritmo de la canción.


Party Rock is in the hooooouse toniiiiiight... Everybody just have a good tiiiiiime...


Dylan llegó y saludó a gritos:


-¡¡¡EY, PEÑA!!!-


Del susto, Alfonso, Óscar y David se cayeron.
Alfonso se levantó. Al ser el más bondadoso, no se enfadó con Dylan. Chocaron los puños.


-¿Qué pasa, tío?- preguntó Alfonso.


-Nah, he venido a pasear.- respondió Dylan.


-Em, porque yo le avisé.- dijo Anabel levantando la mano.


-Ohhh, te avisó Anabel, ¿eeehhhh?- Óscar le dio un suave puñetazo a Dylan en el pecho.


-Qué mona ella...- dijo David.


-¿Perdona?- dijo Anabel en tono molesto.


-¡Nada, nada!- retrocedió David, sabiendo que cuándo Anabel se enfadaba, huía todo el mundo.


-Si sólo son amigos, ¿a que sí Anabel?- dijo Claudia, rodeando con el brazo a su amiga rubia.


Anabel le apartó el brazo de su hombro suavemente y suspiró.


-Déjalo, Clau.-


-Vaaale, vaale...- dijo Claudia.-Sólo pretendía ayudar.-


Óscar se sujetó sus partes y hizo un paso de Michael Jackson.


-¡Huauu! ¡Ayu-daaaaaar!- cantó, terriblemente mal.


-Para. Me revuelves las tripas.- Claudia cogió su balón de baloncesto y se lo tiró a Óscar. Le dio a en toda la cabeza.


-¡Aaaah! ¡Hija de puta...!- exclamó éste, corriendo hacia el banco dónde Anabel y Claudia estaban sentadas. 


-¡Perdón, perdón!- Claudia se abrazó a Anabel, asustada, mientras se reía en voz baja.


Óscar rodeó el cuello de Claudia con uno de sus brazos y le restregó el puño cerrado en la cabeza.


-¡Laaaaaaaaaaaaaaaaaaa la la la la la la la la la laaaaaaaaaaaa la la la la la la laaaaaaa...!-cantaba con la lengua fuera, cómo un cantante de ópera, mientras seguía frotando la cabeza de Claudia con los nudillos.


-¡Gilipollas, suéltameeeeee!- vociferó Claudia, arañando los brazos de Óscar y dándole puñetazos en la tripa. Anabel se partía el culo.


-¡Jajajaja, parecéis dos luchadores de boxeo!- exclamó.


-¡Ni de coña!- exclamó Claudia, empujando a Óscar tan fuerte que hizo que éste se cayera para atrás. Dylan lo sujetó para que no se cayera.-¡Yo no parezco una luchadora! ¿Por qué crees que me arreglo tanto? ¡Para parecer de todo menos una loca de ésas!-


-Uh, cómo empuja la tía...- murmuró Óscar, alisándose la camiseta.


Dylan le dio unos golpes en el hombro y se sentó en el banco, junto a Anabel.


-Me alegro de que hayas venido.- dijo ella. -¡Es tan guay cuándo estamos toda la pandilla junta...!


-¿Cómo iba a faltar?- dijo él en tono "mira-cuánto-molo."


Anabel guardó su móvil.


-Pues faltando.- dijo con voz grogui.


-Yo nunca falto a los sitios.- replicó Dylan.


-Claaaaaaro.- Anabel era encantadora cuándo usaba el sarcasmo. Por lo menos, a Dylan le encantaba. 


FIN